Dejar de fumar

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Dejar de fumar

Mensaje  flordeloto el Vie Mar 06, 2009 12:24 am

No resulta fácil dejar de fumar, ya que el tabaco crea una fuerte adicción.
















Sin embargo, los daños que provoca a la salud(cáncer de los pulmones, de la boca, de la laringe, del esófago, de la vesícula, riñones, páncreas, bronquitis crónica y el enfisema) obligan a los fumadores a reconsiderar la opción de dejarlo.

Inclusive se expone a los seres queridos que respiran el humo del tabaco. Estudios indican que los fumadores pasivos corren un mayor riesgo de contraer cáncer de pulmón que aquellos que no lo están.

Por todo lo anterior, vale la pena dejar de fumar y, para lograr ese objetivo, se presenta a continuación algunos remedios populares para quienes han decidido liberarse de él.



Remedios populares

Remedio popular #1: Beber muchos jugos de frutas (manzanas y uvas) sin endulzar, comer verduras (zanahorias, cebolla, apio, guisantes, judías, etc.).y tomar baños relajantes en la noche.

Remedio popular #2: Un remedio natural consiste en masticar raíz de jengibre (aunque sea un poco amargo es muy efectivo).

Remedio popular #3: Tomar té de hierba gatera la cual, según la tradición, reduce el deseo de fumar.

Remedio popular #4: Reducir el consumo de carnes, alcohol, café, azúcar y pan blanco.

Remedio popular #5: Según las abuelas, chupar clavo de olor también es bastante efectivo para cortar la adicción al tabaco o cigarrillo.



Remedio popular #6: La hipnosis es otro método natural utilizado para dejar de fumar, y se basa en la visualización, sugestión y relajación.



Remedios populares para:

Acidez

Acné

Afrodisiacos

Alcoholismo

Alergias

Amigdalitis

Anemia

Artritis

Ansiedad

Asma

Bronquitis

Bursitis

Cálculos renales

Callos

Cansancio

Cicatrices

Cistitis

Circulación

Colesterol

Contusiones

Conjuntivitis

Dejar de fumar

Depresiones

Defensas bajas

Diabetes

Diarrea

Dolor de cabeza

Dolor de cuello

Dolor de espalda

Dolor de muela

Dolor menstrual

Eccema

Estreñimiento

Estrés

Flatulencia

Fiebre

Forunculos

Gastritis

Gingivitis

Gota

Granos

Halitosis (mal aliento)

Hemorroides

Herpes genital

Herpes labial

Hipertensión

Hipo

Hipotensión o presión baja

Impotencia sexual

Incontinencia orinaria

Indigestión

Infertilidad

infecciones vaginales

Insomnio

Intolerancia a la lactosa

Laringitis

Labios agrietados

Llagas en la boca

Mareos

Memoria

Menopausia

Migraña

Náuseas

Ojos cansados

Orzuelos

Osteoporosis

Parásitos intestinales

Picadura de insectos

Pie de atleta

Próstata

Psoriasis

Quemaduras

Resaca

Resfriados

Reumatismo

Retención de líquidos

Ronquidos

Sinusitis

Taquicardia

Transpiración

Tos

Ulceras

Uñas enterradas

Varices

Verrugas

Vitiligo


































Remedio popular #7 Elaborar un té 1 gr de eucalipto, 5 gr de ginkgo y 5 gr de malva en 1 litro de agua el cual se debe calentar y luego se añade los ingredientes. Dejar reposar por 5 minutos, cuela y beber 1 taza diaria durante 1 mes. Ayuda a limpiar los pulmones y las vías respiratorias en el tratamiento contra tabaquismo. No se debe tomar más de 1 taza diaria ya que podría causar dolor de cabeza y náuseas.





Recomendaciones
Además de los remedios caseros arriba expuestos, la voluntad de dejar de fumar es fundamental y muy necesario. Los fumadores pueden levantarse en la mañana y decir “Desde hoy no fumaré más. He decidido dejar de fumar” lo cual reafirmará diariamente su voluntad.

Si desea, puede seguir la siguiente dieta recomendada para las personas que quieren dejar de fumar:

En ayunas
Tomar el jugo de dos limones y dos naranjas con miel de abejas

Desayuno
Comer Fruta o cereal c(\n pan integral tostado

Almuerzo
El primer día preferiblemente frutas. Los días siguientes verduras especialmente ensaladas crudas, cereales y legumbres

Cena
Alimento liviano. Ensalada de frutas o verduras; leche o jugo de frutas y pan integral


Durante la dieta, tome tres veces al día la siguiente infusión de hierbascon miel de abejas: Mezcle partes iguales de menta, pulmonaria, cola de caballoy toronjil; dos cucharaditas de la mezcla para una taza de agua.

Hacer ejercicios en la mañana es aconsejable ya que al recibir la sangre mayor cantidad de oxígeno es tonificado el sistema nervioso
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Los humos del tabaco

Mensaje  Mata-hari el Jue Ene 13, 2011 8:52 pm

Las noticias de bonhomía y candor propias de las fiestas navideñas, y los buenos propósitos del Año Nuevo no han conseguido eclipsar la noticia ya anunciada de la prohibición de fumar en los locales cerrados, en jardines y parques, y en las proximidades de los hospitales. Pero fumar, en nuestro país, se asocia principalmente, con el humo en tabernas, cafeterías y bares: es la imagen por excelencia del tabaco. Porque los bares son espacios de libertad (hacer sociedad, se suele decir), y más en las sociedades globales de pérdida de identidad, de conversación y de reunión. El bar es lugar de relax, descanso, parada, en el que, como en ningún otro, se regula la jornada, se producen celebraciones, reuniones, confesiones y complicidades de todo tipo; es lugar de cita y de despedida; de risas y de chistes; de pasatiempos, chismes, comentarios y novedades, rebajados de la tensión del tajo. Es también encuentro para ver juntos y comentar partidos de fútbol, corridas de toros, carreras de fórmula 1, ciclismo, etc. Es principalmente lugar de encuentro para compartir el café de la mañana, el almuerzo de media mañana, el vermú de antes de comer, la comida de mediodía, el café de después de comer (o café, copa y puro, con la sobremesa y la partida, llegado el caso), la merienda, la copa de por la noche, la última copa, antes de retirarse a dormi,r o también el chocolate con churros, de madrugada, con las primeras luces de la mañana. Ningún otro espacio ofrece, como el bar, el menú de vida que el español requiere.

Y en este escenario es donde viene a distorsionar la vida la ley antitabaco, la segunda, ya hubo otra en 2005, sólo de aviso, para disponer al personal de lo que vendría más tarde, pero que se sintió como algo descafeinado, ni fu ni fa: que si mamparas separadoras, que si libertad de opción de bares de fumadores o no fumadores: nada, que todo seguía igual. Ahora, con la ley que ha entrado en vigor el pasado día 2, ha llegado la hora de la verdad: está prohibido fumar en cualquier espacio cerrado.

En estos tiempos de control, de vigilancia, de inspección y revisión de casi todo, importante o no, no deja de ser noticia de transcendencia lo que informan los periódicos en estos días: “El humo de los bares multiplica por 9 lo aconsejado por la OMS [Organización Mundial de la Salud]. Un estudio anterior al veto al cigarro confirma altas concentraciones de partículas vinculadas a enfermedades respiratorias y cardiovasculares”. También aparecen noticias alarmantes en la ciudad de Madrid, respecto de estas mismas partículas nocivas en el aire que respiran los madrileños, provocadas por los motores diésel, vinculadas con el aumento de infartos e ictus. ¡Lástima que esto haya de argüirse cuando se legisla sobre prohibición y no como argumentos de conciencia o autoconvencimiento por la salud de uno mismo!

Si hay investigaciones que ponen sobre aviso que a mayor concentración de partículas nocivas en el aire que respiramos, se producen más muertes y más ingresos hospitalarios, ¿no debiera ser información suficiente como para intervenir a favor de la salud individual y pública en locales públicos cerrados? ¿Y no ha de ser el Ministerio del ramo quien, en cumplimiento de sus funciones de salud pública, sanidad y política social y consumo vele por todos los ciudadanos (todos)?

Sorprende cuando menos que los niveles de tolerancia con el humo del tabaco en locales públicos cerrados haya sido tan alto y durante tanto tiempo (dos leyes, 2005 y 2011), mientras que en otros ámbitos de la salud sean la ciudadanía y las autoridades sanitarias tan vigilantes y restrictivas, como, por ejemplo: la exposición de la piel al sol y sus consecuencias; el consumo de alcohol y la conducción; la ingesta de grasas y la obesidad; las causas y los males del stress; los niveles de ruidos tolerables; la bulimia y la anorexia, con la preocupación excesiva por el peso corporal y el aspecto físico, que llevan a la pérdida de apetito para reducir peso de manera rápida; entre otros muchos. Es verdad que las autoridades sanitarias emprendieron una campaña agresiva con la publicidad de mensajes siniestros en los paquetes (“Fumar perjudica seriamente la salud”; “fumar produce cáncer de pulmón”, “fumar mata”, etc.), que encontraron siempre la réplica burlona y desafiante, por parte de los fumadores, con frases del tipo: “De algo hay que morir”, “Son vicios menores”, “Fumo porque se me pone en los cojones”, y lindezas similares.

¿Y por qué pasa esto aquí, en nuestro país?, ¿por qué este desafío frontal? Más allá de los intereses económicos, que los hay (Desde el propio Estado, por los pingües impuestos directos que recauda, hasta los empresarios del ramo, por la supervivencia que les reporta), los humos del tabaco, desde bien jovencitos, cosa de la que entienden bien sociólogos y psicólogos, se asocia a salir en pandilla chicos y chicas, beber, echar unas risas, primeros juegos de seducción, flirteos y escarceos sexuales, etc.: la afirmación personal ante el adulto y ante sus colegas. Cuando esto sucede, es común que los padres se preocupen de si sus hijos fuman (también les preocupa que “se fumen las clases”), y el entorno social colabora en la causa transmitiendo a los padres aquello de “he visto a tu hijo que iba fumando”, conducta que se corresponde con la ocultación, por parte del interesado. Es una transgresión a la vez que una incorporación social. Primera paradoja. La segunda viene dada por la consideración de “ya fuma, es un hombre”: incorporación de pleno derecho. Segundo mal. De ahí vendrá seguramente todo lo demás.

Esto lo ilustran casos como el tango español de 1922 “Fumando espero” de Juan Viladomat i Massanes y letra de Félix Garzo, probablemente el tango español más famoso de los compuestos en España, popularizado por Sara Montiel, en el que se canta aquello de: “Fumar es un placer/genial, sensual./Fumando espero/al hombre que más quiero…/ Ver a mi amante/solícito y galante,/sentir sus labios/besar con besos sabios,/y el devaneo/sentir con más deseos/cuando sus ojos veo,/sedientos de pasión./Por eso estando mi bien/es mi fumar un edén./Dame el humo de tu boca./Anda, que así me vuelvo loca./Corre que quiero enloquecer/de placer,/sintiendo ese calor/del humo embriagador/que acaba por prender/la llama ardiente del amor/…

El mundo del fumador obedece a ritos y artes particulares: su sentido solidario al compartir los pitillos con los demás, incluidos los gorrones, ocasionales o de oficio; las maneras más o menos pausadas y entremezcladas con el ritmo de la conversación, cuando se desprecinta la cajetilla y se tira el precinto. No digamos nada de la forma de tirar la colilla: desde los fumadores cívicos, que la guardan apagada para depositarla en la papelera, o los que la arrojan al wáter, o quienes la apagan en los ceniceros ubicados al efecto en las entradas de los edificios, o quienes la pisan con fuerza contra el suelo y ahí queda.

Mención especial merecen los preparativos en el caso de los fumadores de puro y de pipa, por la ritualidad que requieren ambas modalidades de fumador, y que obviaremos por lo prolijo del asunto. Sí habrá que recordar modalidades de fumar en pipa, como la narguile, cachimba o pipa de agua oriental, en la que se fuma tabaco de distintos sabores. Por otra parte, fumar en pipa es una ceremonia: el pipador se sume en el éxtasis de la fumada y deja volar su imaginación, mientras busca solución a sus problemas, como acostumbran a hacer los indígenas americanos cuando fuman “la pipa de la paz”.

De la manera de fumar y exhalar el humo existen también variedades: ocasiones de espera tensa, de urgencia o impaciencia, en que el fumador, presa de los nervios, como un autómata, no para de dar caladas, lleva compulsivamente la mano a la boca, fuma, traga el humo, lo echa, y, en décimas de segundo, repite la misma operación, hasta acabar el cigarrillo, y, al momento, hace la misma operación, con otro; así, hasta conseguir cierto sosiego o acabar la cajetilla. Otras ocasiones, fumar un pitillo, con la mirada perdida, con un café de por medio, junto a un ventanal, proporciona evasión y tranquilidad. Y lo más común es que fumar se trate de una pausa mientras se reflexiona, se reconsidera un asunto, o sencillamente se descansa un rato, por aquello de que “en todos los trabajos se fuma”. ¿Y del erotismo de la calada qué? Ese abrazo profundo y pleno del fumador con el humo, que le esponja el cuerpo al inspirar y le relaja al expulsar el humo, tanto sea por la nariz o por la boca, acompañado de movimientos y de gestos muy particulares.

Es frecuente asimismo relacionar a determinados personajes públicos con el cigarrillo o con el puro, como sucede con personajes y ambientes de cabaret o sala de espectáculos de finales del siglo XIX o principios del XX, en que se combinaba música, danza y canción. En el caso de las mujeres, frecuentemente se asocia con el carmín de los labios y las uñas pintadas de rojo. También se asocia con el tabaco al gánster o al mafioso. Hay músicos, como Fito Cabrales de Fito y los Fitipaldis, Joaquín Sabina, Miles Davis, John Coltrane; humoristas como Eugenio; actores como Enrique San Francisco; guionistas, productores y realizadores, como Chicho Ibáñez Serrador, por poner sólo algunos ejemplos; y políticos, como Winston Churchill, Santiago Carrillo y Mariano Rajoy, cuya imagen pública aparece casi siempre relacionada con un pitillo o con un puro. A este último personaje lo retrata Peridis con su puro Cohíba del Fidel de Cuba, humeante, en la boca, sentado en su sofá, viendo la vida pasar, haciendo gala del “aquí me las den todas”.

Y para conseguir que el asunto de actualidad sea más noticiable todavía, aparecen hosteleros que llaman directamente a la rebelión contra la ley antitabaco, que encabezan la objeción a la norma y lideran todo un movimiento que pretende la constitución de una plataforma nacional, con blog incluido, para recoger firmas que puedan trasladar al Defensor del Pueblo y llegar a las más altas instancias judiciales y políticas para que la cortina de humo que entienden que es esta ley no baje los ingresos. Porque el aire es el aire, y la salud, la salud pero la caja…, la caja, que no me la toque nadie.
Teodoro Álvarez Angulo
7 de enero de 2011

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